PREVIEW - DIABLO IV: Clase Paladín

Por Ariel Fuentes

Hay ausencias que pesan más que muchas presencias. En Diablo IV, una de las más comentadas desde el primer día fue la falta del Paladín, una clase histórica que, para muchos jugadores veteranos, resulta inseparable de la identidad misma de la saga.

Desde su irrupción en Diablo II, estos caballeros sagrados representaron una fe dogmática, que buscaba interponerse entre la humanidad y el Infierno incluso cuando esa misma fe comenzaba a mostrar grietas inquietantes. El Paladín era convicción, obediencia, sacrificio; un combatiente que irradiaba luz, pero también cargaba con el peso de una Iglesia capaz de corromperse desde adentro.

A lo largo de la historia de la saga, esta figura apareció y desapareció con distintos nombres y formas. No estuvo presente en el Diablo original, fue central en Diablo II y su expansión, reapareció de manera indirecta en Diablo III bajo la figura del Cruzado (una reinterpretación más pesada y marcial del caballero sagrado), y volvió a ausentarse en el lanzamiento inicial del título más reciente de la franquicia.  

Con Diablo IV, Blizzard eligió deliberadamente un tono muy sombrío. Santuario está cansado, descreído, fragmentado. Lilith no fue una villana tradicional, sino una figura trágica y ambigua; los ángeles ya no son garantes de justicia, y la fe dejó de ser una certeza. En ese contexto, la ausencia del Paladín tenía sentido: todas las clases iniciales son sujetos solitarios, sin orden ni respaldo institucional. El Paladín, en cambio, siempre fue parte de algo más grande que él.

Su regreso no es menor. El Paladín vuelve como beneficio de precompra de la expansión Diablo IV: Lord of Hatred, con lanzamiento previsto para el 28 de Abril de 2026. Quienes hagan la reserva pueden jugarlo de manera anticipada desde ahora, una decisión que no sólo funciona como incentivo comercial, sino como gesto simbólico: el retorno de una de las identidades más reclamadas por la comunidad.

Este Paladín no vuelve intacto; su diseño apunta a una reinterpretación moderna. Sigue siendo un combatiente cuerpo a cuerpo con arma a dos manos o bien con espada y escudo, pero su jugabilidad gira en torno a sistemas más activos y exigentes. La fe deja de ser un trasfondo pasivo y se convierte en un recurso que se genera y se consume, obligando al jugador a sostener el combate, medir tiempos y tomar decisiones constantes.

Uno de los ejes centrales de la clase es el sistema de Juramentos, que define el estilo de juego y la identidad del personaje. Hay Paladines orientados a la resistencia pura y al control del campo de batalla; otros más fanáticos y agresivos, enfocados en daño sostenido; variantes centradas en juicios y castigos en área; e incluso rutas que habilitan estados temporales de exaltación celestial. No se trata sólo de builds, sino de filosofías de combate que dialogan directamente con la historia del personaje.

Las habilidades retoman nombres y conceptos clásicos, pero con un enfoque actualizado. Martillos benditos que giran y castigan en área, escudos arrojados que rebotan entre enemigos, zonas consagradas que dañan y curan simultáneamente, embestidas para controlar el ritmo del combate. Las auras siguen existiendo, pero ya no funcionan como simples interruptores permanentes: ahora son efectos temporales, combinables y estratégicos, que premian el timing y la lectura de la situación.

Incluso las habilidades definitivas refuerzan esta identidad: no son explosiones instantáneas pensadas para borrar la pantalla, sino momentos de dominio, instancias en las que el Paladín impone orden, protección o castigo durante unos segundos decisivos. Es una clase menos frenética que otras, pero profundamente sólida, pensada para jugadores que disfrutan del control, la planificación y la constancia.

Como es habitual con el lanzamiento de un nuevo tipo de personaje, mientras escribimos estas líneas el Paladín es potencialmente la clase más rota del juego. Tal como pasó con el Spiritborn durante 2025, en esta ventana inicial de tiempo su potencial de daño es monstruoso, y jugarlo representa una fantasía de poder… al menos hasta que “baje la espuma” y Blizzard equilibre un poco el tablero.

Su regreso reintroduce una tensión narrativa fundamental en la saga: la del bien organizado frente al mal absoluto, y la sospecha permanente de que ese bien también puede desviarse, endurecerse o pudrirse. Sin dudas será central cuando llegue la nueva expansión.

Como jugador que lleva tres décadas recorriendo Santuario, sigo esperando ese momento. No por nostalgia vacía, sino porque el Paladín encarna una pregunta que Diablo siempre supo formular bien: ¿qué pasa cuando el orden intenta resistir en un mundo condenado al caos?

Todo esto convierte al Paladín en algo más que una nueva clase. Cuando se consolide plenamente con Lord of Hatred, no será sólo una opción más en el menú de creación de personajes. Será una toma de posición narrativa y mecánica. Y ahí estaremos, escudo en mano, acumulando fe golpe a golpe, para ver si todavía queda algo sagrado que valga la pena defender.

  • Desarrollado por: Blizzard Team 3 / Blizzard Albany
  • Publicado por: Blizzard Entertainment
  • Fecha de lanzamiento: Diciembre de 2025 (como bonus por preordenar Lord of Hatred)
  • Plataformas: Xbox One, Xbox Series, PS4, PS5, PC

*Código de review proporcionado por Blizzard*