Por Ariel Fuentes
Hay franquicias que sobreviven por prestigio, otras por nostalgia, y unas pocas porque todavía conservan una energía rara, joven, eléctrica. Scott Pilgrim pertenece a ese tercer grupo. Su mundo sigue funcionando porque mezcla historieta sentimental, indie rock, videojuegos, torpeza afectiva como la que tenía yo al ingresar a la universidad, humor absurdo y violencia caricaturizada con una naturalidad que muy pocas obras lograron imitar sin quedar impostadas. Scott Pilgrim EX entiende eso desde el primer minuto: no intenta vendernos un museo interactivo de la marca ni una reliquia rehecha con filtro retro. Lo que propone es algo bastante mejor: un regreso legítimo, vivo, orgullosamente exagerado.
La cuestión es que era tan fácil como parece.
El antecedente inevitable es el juego de Ubisoft de 2010, rescatado años después como pieza de culto. Un título querido, sí, pero también beneficiado por el misterio de haber desaparecido digitalmente durante mucho tiempo. Entre su retiro, su resurrección, la película, la serie animada y la persistencia del nombre Scott Pilgrim en ciertos nichos, el personaje quedó atrapado en una zona muy delicada: demasiado famoso para ser marginal, demasiado particular para volverse masivo del todo. EX entra en ese terreno con bastante inteligencia. No reniega de lo anterior, pero tampoco se arrodilla ante ello.
No es una reedición: es una secuela espiritual con ambición propia.
Lo primero que conviene dejar claro es esto: Scott Pilgrim EX no es una nueva versión del viejo beat ’em up. Es un juego nuevo, con una historia original escrita por Bryan Lee O’Malley, situado después de los eventos de la serie animada, y desarrollado por Tribute Games (estudio que a esta altura ya se ganó un lugar de privilegio entre los especialistas en revitalizar géneros clásicos sin volverlos piezas muertas).
La diferencia se nota enseguida. El título de 2010 era, en esencia, una máquina de repartir golpes con progreso rolero, dificultad inicial áspera y una dependencia muy marcada del cooperativo. Scott Pilgrim EX, en cambio, parece menos obsesionado con castigarte y bastante más interesado en darte herramientas para divertirte rápido. Tiene espíritu de beat ’em up, claro, pero no se conforma con avanzar de izquierda a derecha liquidando oleadas de enemigos. Acá hay una ciudad interconectada, misiones, desvíos, secretos, facciones ridículas y una estructura bastante más abierta que la de la mayoría de los representantes modernos del género.
Esa apertura le sienta bien. Scott Pilgrim siempre fue una franquicia donde importaba tanto el contexto como la pelea: las ex parejas malignas, los recitales, los departamentos, los barrios, las entradas y salidas de personajes excéntricos. Un juego excesivamente lineal podía capturar la acción, pero no necesariamente el mundo. EX intenta resolver ese problema con una Toronto deformada, medio fantástica, medio mugrienta, medio cómic, donde el combate y el paseo tienen casi la misma importancia.
Pero ahora la vara está más alta. Hace quince años, alcanzar cierto estatus dentro del beat ’em up era relativamente sencillo: bastaba con entender el lenguaje de los arcades, tener una estética atractiva y llegar en un momento donde casi nadie estuviera haciendo eso. En 2026 la situación es otra. El género tuvo una recuperación clarísima y hoy cualquier nuevo exponente entra de inmediato en comparación con varios pesos pesados recientes.
Streets of Rage 4 sigue siendo, probablemente, el patrón oro. Ahí todo parece medido al milímetro: el espacio, las prioridades, el timing, la lectura del riesgo. Scott Pilgrim EX no busca esa clase de pureza: es más sucio, más festivo, más propenso al caos. Tiene menos obsesión por la exactitud y más placer por el desborde. Prefiere sonar como una banda que por momentos desafina un poco, pero la pasa mejor.
Con Teenage Mutant Ninja Turtles: Shredder’s Revenge comparte, en cambio, la gran virtud del estudio: saber cómo hacer que un beat ’em up se sienta rápido, amable de entrada y explosivo en cooperativo. Pero incluso ahí aparecen diferencias importantes. El juego de las Tortugas era más directo, más arcade. Scott Pilgrim EX quiere abrir más la experiencia, sacarla de la estructura clásica de fase-jefe-fase-jefe.
También dialoga mucho con River City Girls 2 y, por detrás, con la vieja sombra enorme de River City Ransom. Esa mezcla de piñas, progresión liviana, ciudad recorrible y humor de pandilla adolescente está en el ADN del proyecto.
Todo esto sería irrelevante si el combate no funcionara. Por suerte, funciona; EX transmite ganas de ser jugado. Sus personajes entran a escena con personalidad, los movimientos tienen nervio, el uso de objetos y armas improvisadas suma variedad, y el conjunto parece mucho menos atado que el juego anterior a una progresión rolera obligada.
El roster ayuda mucho. Hay siete personajes jugables, con Scott y Ramona a la carga, desde ya, pero la inclusión de figuras como Roxie, Lucas Lee, Matthew Patel o Robot-01 le da a la aventura una bienvenida cuota de delirio. Scott Pilgrim siempre fue una serie donde los secundarios y antagonistas importaban casi tanto como los protagonistas; dejar que buena parte de esa fauna entre en la rotación jugable es una decisión acertada.
Además, el juego parece entender algo esencial: en este universo el ridículo no es un defecto, sino un lenguaje. Veganos, bañeros, hipsters, demonios, robots, bandas, ex villanos reciclados.
Tribute Games ya había demostrado con Shredder’s Revenge que sabe trabajar pixel art con una sensibilidad superior al promedio. Acá vuelve a notarse: Scott Pilgrim EX entra por los ojos. Hay color, gesto, velocidad, expresividad. Los escenarios parecen parte de una historieta jugable, con ese equilibrio raro entre suciedad urbana, fantasía pop y nostalgia bien llevada por los 16 bits.
La banda sonora, otra vez a cargo de Anamanaguchi, también juega a favor. La relación entre Scott Pilgrim y ese tipo de sonido ya está prácticamente sellada: chiptune, velocidad, melodía, un poco de ansiedad adolescente, un poco de recital de nicho.
Se puede jugar solo, sí... pero brilla en coop. Hay local y online hasta para 4 jugadores. Scott Pilgrim EX parece uno de esos juegos hechos para que tres amigos entren al caos con vos, se roben armas, pisen combos ajenos, activen especiales en el peor momento posible y conviertan la pantalla en una fiesta de golpes, efectos y puteadas amistosas.
De hecho, ahí es donde más se distancia de cierta solemnidad crítica con que a veces se analiza el género. Un beat ’em up no siempre tiene que aspirar a la perfección técnica absoluta. A veces alcanza con que produzca alegría física, caos compartido y ganas de seguir una pantalla más. Scott Pilgrim entiende bien esa verdad medio vieja, medio arcade.
Encontramos algunos bugs: logros que no se desbloquean, alguna animación medio tildado. Nada gravísimo.
Scott Pilgrim EX no es el nuevo rey del beat ’em up. Ese lugar, para mí, sigue estando más cerca de Streets of Rage 4. Tampoco es el juego más limpio, más preciso ni necesariamente más redondo del revival moderno. Pero tiene otras virtudes: mundo, identidad, humor, una estética potentísima y una personalidad que no se confunde con la de nadie.
Si el juego de 2010 era una pieza simpática, áspera y mitificada, Scott Pilgrim EX se siente más seguro de sí mismo. Menos objeto de culto y más juego moderno.
No viene a inventar nada de cero. Viene a recordarnos que, cuando una franquicia todavía tiene pulso, volver no siempre significa repetirse.
- Desarrollado y publicado por: Tribute Games
- Fecha de lanzamiento: 3 de Marzo de 2026
- Plataformas: Xbox Series S/X, PS4, PS5, Nintendo Switch 1 y 2, Microsoft Windows



