REVIEW: Fast & Furious: Crossroads

Por Ariel “Kaji” Fuentes

Rápido y Furioso se convirtió en una franquicia colosal desde el lanzamiento de la primera película, en el ya lejano 2001. Romantizando a las carreras callejeras ilegales, primero, y después transformándose en demencias llenas de acción y espionaje que rozan constantemente el ridículo, casi una docena de películas han instalado a Dominic Toretto y a su Dodge Charger negro como parte de la cultura popular de las últimas décadas.

Curiosamente, en todo este tiempo no se produjeron videojuegos notables aprovechando ese versátil material base. La única excepción fue la expansión Forza Horizon 2 Presents Fast & Furious para la segunda entrega de la adorada franquicia de PlayGround, que permitió por primera vez conducir autos de la saga modelados con gran detalle.

Soy Ariel, de Colectiva Xbox, y los invito a nuestro análisis de un nuevo título basado en la popular IP, desarrollado en este caso por Slightly Mad Studios, perteneciente desde este año a la abarcativa Codemasters.

Fast & Furious: Crossroads fue revelado en los Game Awards de diciembre de 2019 e inmediatamente se convirtió en un meme ambulante debido principalmente a la pobre calidad percibida en sus gráficos. Lamentablemente, el juego final viene a confirmar esos prejuicios y evidencia que sólo es un producto recomendable para los más fanáticos seguidores de la franquicia.

Se trata de un sencillo juego de conducción, con físicas muy poco realistas y un enfoque totalmente arcade. Contamos con una campaña principal que, a pesar de sólo demandar entre 4 y 5 horas de duración, muy probablemente nos resulte extensa y tediosa.

Conducimos una gama variada de vehículos (algunos viejos conocidos, otros originales; todos, en general, dignamente modelados).Los diversos escenarios representan a varias ciudades del mundo en espacios semi-abiertos. Aunque en algunas misiones recorremos trechos considerablemente extensos, el desarrollo del juego es más lineal de lo que parece, dado que se nos imponen límites artificiales y la mayor parte del tiempo no podremos elegir libremente nuestro camino. No puede negarse que en algunos pocos momentos el juego es capaz de quitarnos alguna sonrisa (como, por ejemplo y sin spoilear, cuando visitamos un portaaviones).

 

Aunque se visitan lugares interesantes (Barcelona, Marruecos, Nueva Orleans), los mapas son claramente inferiores a los de algunos otros representantes del género automovilístico: no encontraremos aquí algo remotamente comparable a algún ForzaHorizon o a TheCrew, por ejemplo. Nuestro entorno es comparable al de los últimos NeedforSpeed de mundo abierto, aunque con menor calidad y detalle.

Con respecto a los gráficos, puede argumentarse que Fast & Furious: Crossroads luce como un juego de Séptima Generación. Exceptuando algunos correctos efectos lumínicos (en particular, las luces de los patrulleros), no es descabellado pensar que una Xbox 360 podría ofrecer gráficos de esta altura. Las texturas y geometrías en general son pobres, y el juego ha demostrado problemas de optimización incluso en una poderosa Xbox One X.

El modelado de los personajes es muy irregular, con algunos casos relativamente exitosos (como Roman Pearce o los villanos principales) y otros francamente espeluznantes.

Las físicas no son una prioridad del juego. La sensación de conducción, núcleo de la experiencia, no es particularmente grata: aunque hay ciertas diferencias entre los distintos vehículos que manejaremos (en la campaña nunca podemos elegir cuál, por cierto), todos son excesivamente poderosos y podremos destruir prácticamente cualquier objeto que se nos cruce… exceptuando algún árbol o límites artificiales de los escenarios. El modelado de daños es decente.

El legendario nitro, popularizado desde la primera película, hace una aparición sencilla y poco gratificante. El juego ni siquiera ofrece velocímetro, y veremos situaciones inverosímiles, como humildes patrulleros alcanzando fácilmente a hiperautos de última generación o acelerando más rápido que monstruos de 900 caballos de potencia.

El nivel de dificultad es, por lo general, accesible. Sin embargo, algunas de las mecánicas tornarán potencialmente frustrante al juego, en especial durante misiones con límites de tiempo.

En los días alrededor de lanzamiento nos costó encontrar partidas multijugador, pero una vez conectados la pasamos mejor de lo esperado. Hay una gama limitada de modos de juego, siempre repartidos entre tres equipos de tres jugadores cada uno (“Héroes”, “Villanos” y “Policía”) que necesitan cumplir una serie de objetivos sencillos pero originales. El modo Detener al Tanque, en particular, nos interesó por algunas horas. Aquí sí podremos elegir y customizar nuestro auto y utilizar a gusto parte del armamento y equipamiento que vimos en la campaña.


En el store argentino de Xbox, su precio es más exagerado que la escena del avión de Fast & Furious 6: $3000 pesos para la edición estándar y $5000 pesos para la edición definitiva, que suma un Pase de Temporada incluyendo un puñado de vehículos e ítems estéticos.

En lanzamiento, no hay motivo razonable para adquirir Fast&Furious: Crossroads. A pesar de contados momentos de diversión, es un juego poco ambicioso, con enormes limitaciones técnicas, y que a nivel de mecánicas y contenidos palidece al compararlo con otros exponentes del género. No hace falta mencionar a Forza Horizon; incluso ambos TheCrew son juegos vastamente superiores a este sencillo producto.

Incluso si son seguidores acérrimos de Toretto y su familia, nuestra recomendación es esperar a una oferta significativa, o podrían quedar severamente decepcionados ante la relación calidad/precio de Fast & Furious: Crossroads.

  • Desarrollado por: SlightlyMadStudios
  • Publicado por: Bandai Namco
  • Fecha de lanzamiento: 7 de Agosto de 2020
  • Plataformas: Xbox One, PC (Steam), PlayStation 4.

*Agradecemos a Bandai Namco Latinoamérica / We Move PR por facilitar un código de review del juego*